Stuxnet, gusanos informáticos
Durante los últimos años, el régimen teocrático y retardatario de Irán ha venido burlando a la comunidad internacional.
Al sostener que sus investigaciones nucleares solo buscan generar electricidad con fines pacíficos, ha soslayado e irrespetado recurrentemente a la Comisión de Energía Atómica.
Siguiendo los pasos de Sadam Hussein, quien, como ya ha quedado claro, no es el mejor ejemplo a seguir, ha dilatado sus responsabilidades y ha engatusado una y otra vez a las grandes potencias del Consejo de Seguridad que junto a Alemania tratan de darle a este asunto una solución basada en la sensatez y la mesura.
Asimismo, el gobierno de Ahmadineyad (ese sí, el auténtico mejor amigo de Chávez), ha recurrido a potencias emergentes como Turquía y Brasil, que, deseosas de protagonismo a cualquier costo, han ofrecido candorosas opciones intermedias frente al problema. Opciones que, obviamente, satisfacen a un régimen tan solo interesado en ganar tiempo para consolidar un programa nuclear destinado, según sus propias palabras, a eliminar a Israel y, de paso, asesorar a otros Estados rufianes que, para no ir muy lejos, están interesados en convertir a Latinoamérica en un bazar atómico a su imagen y semejanza.
Sin embargo, últimamente se le están enredando los planes. Calculando (a veces con demasiada autoestima) que las grandes potencias no se atreverán a contenerle mediante el uso limitado de la fuerza -tal como se procedió hace 30 años con Irak y hace pocos meses con Siria-, Ahmadineyad ha perdido, inexplicablemente, a algunos de sus más ilustres científicos y ha visto colapsar sus sistemas informáticos infectados por gusanos tipo Stuxnet.
Sin que nadie haya disparado un solo tiro ni recurrido a agresiones retóricas o advertencias altisonantes, la ‘red de redes’ ha entrado en crisis y el programa bandera del integrismo se ha descuadernado, con lo cual, los brillantes tecnólogos del fundamentalismo han tenido que ocuparse de molestos correctivos para tratar -no tan exitosamente como quisieran- de retomar el rumbo.
Por supuesto, las intenciones destructivas no se han desvanecido. El rubor del régimen tan solo es pasajero y está claro que, de uno u otro modo, ese totalitarismo, deseoso de “apoyar las luchas por la liberación nacional en América Latina”, seguirá adelante con sus malabares y maniobras.
Pero si de algo puede estar seguro, no solo Irán, sino cualquier otra camarilla que trate de romper el orden democrático, o la paz y la seguridad internacionales, es que los países libres del mundo no permitirán que se complete su tarea. Y en tales misiones, el ingenio ha demostrado ser infinitamente superior al uso puro y duro de la fuerza.