Emberá Chamí: de nuevo en la tierra

La Fundación Ideasur y la Diputación Foral de Bizkaia son los garantes de que un grupo de los Embera Chamí de Las Malvinas pueda reconstruir su vida ancestral alrededor de una tierra adquirida en zona rural de Florencia.

Óscar Javier Neira Quigua

Florencia

Después de haber visitado siete predios en la inspección de San Antonio de Atenas, Florencia, se adquirió y nombró un predio como País de las Amazonas, con una extensión de 53 hectáreas, el cual la comunidad indígena Embera Chamí ha empezado a habitar y arrullar desde el 15 de enero. “Esta área es estratégica para que los Embera mantengan su conexión con Florencia y con la tierra, para así reconstruir sus espacios culturales olvidados, pues queda a 40 minutos del perímetro urbano y conserva su perfil de zona agraria, boscosa y surcada por un río de aguas abundantes y posibilidades de pesca: el Orteguaza”, explica Jesús Anderson García, ingeniero agroecólogo de la Fundación Ideasur.

La nación Embera Chamí tiene la habilidad de tejer hilos de sentido en la artesanía y en la vida. Las semillas que utilizan en los tejidos artesanales están articuladas por hilos que las atraviesan para orientar las direcciones que dan forma a las figuras con las que adornan los tejidos de sus trabajos.

La actividad práctica y transformadora del trabajo es, a su vez, un acto de reflexión y una actividad de significación que la semilla impone en sus relaciones con la madre tierra y con el trabajo artesanal para el mercado con los miembros de la sociedad nacional mestiza local. En las artesanías Embera Chamí, la semilla -naturaleza- se aproxima la chaquira -cultura- y ambas emprenden la travesía del tejido, que el hilo de nylon articula, pero que es dirigido por las manos expertas de las tejedoras de la comunidad.

El hilo de nylon obedece a la mano que lo dirige y el préstamo cultural se somete al hilo del pensamiento de los naturales. El arte de significar y de significarse con elementos propios y ajenos, es santo y seña de la capacidad de los Embera Chamí para convivir en enclaves de la cultura nacional mestiza, sin entregar su lengua, su cuerpo y su cultura a la invisibilidad y el silencio que imponen la lengua y la cultura de la comunidad mayoritaria.

Es conocido que los Embera, adonde van no se asimilan a la cultura mestiza sino que se relacionan con ella pero mantienen su autonomía lingüística y cultural. Por esto y la pobreza, viven en los bordes de la ciudad y no realizan prácticas económicas que les exijan ser incluidos.

Parecen entender que si se involucran en las prácticas productivas de la sociedad nacional mestiza, tienen que comunicarse e interactuar en una lengua y cultura diferente a la suya. Abrazar la lengua y la cultura propia, practicar actividades consideradas como no inclusivas, en la sociedad nacional mestiza, les permite seguir hablando y actuando bajo los patrones de su propia lengua y cultura.

Un proceso necesario

Por tal motivo, Ideasur y la Diputación Foral de Bizkaia vienen desarrollando desde octubre del 2010 un proyecto con esta comunidad Embera Chamí de Las Malvinas en Florencia, “para empoderarla en lo relacionado con la defensa de su lengua, su cultura y su relación con la tierra” precisa Jesús Anderson García.

Según él, los mismos indígenas bautizaron el proceso como Proyecto T.E.A., que traduce Territorio, Educación y Artesanía. “En la tierra se incluye lo que tiene que ver con seguridad alimentaria, plantas medicinales, reforestación y actividades pecuarias; en educación se incluye el proceso de etnoeducación con su currículo propio para valorar la cultura y el conocimiento y en la artesanía, el desarrollo de todo el quehacer artesanal desde lo que se ha denominado como El Taller, en el cual se exploran las interacciones con los demás tipos de artesanía. Todos los anteriores elementos están estrechamente interrelacionados como un todo para que sea la misma comunidad quien los lidere”.

La metáfora de la telaraña

“Los procesos deben estar centrados en los individuos y la comunidad y no en las cosas”, enfatiza García, quien aclara que esta es la filosofía del proceso de llegada de los Embera a su nueva tierra.

“El Empoderamiento se explica desde la metáfora de la araña y la telaraña, cuando una telaraña es destruida por factores externos a la araña, hay que hacer que la araña vuelva a reconstruir su telaraña y para eso los proyectos deben estar centrados en los individuos y no en las cosas. De lo contrario, seguiremos viendo los procesos abandonados al poco tiempo, porque no se cuenta con la comunidad sino que los cuentan.

“Por eso hay que empoderarlas para que reconstruyan su tejido social y su relación positiva con la naturaleza, porque sólo así los procesos podrán trascender en el tiempo y encauzarse por los caminos de solución real a sus problemáticas, eso es aprendizaje para la ciudadanía”, reitera el ingeniero.

A los Embera diversos factores les han destruido su tejido. Su aparición en la escena de las calles tiene trayectorias que es necesario seguirlas para tomar decisiones. De esta manera, la telaraña que han tejido los Embera en el Caquetá se puede rastrear a partir de lo que algunos investigadores han escrito sobre ella.

Trayectorias en el Caquetá

A comienzos de los años sesenta, llegaron al Caquetá los Aizama, fueron llegando otras familias Embera que salieron de sus lugares de origen, muchos escapando de la violencia que había en el interior de sus grupos. Así, poco a poco, se fueron asentando en territorios “baldíos” del departamento, y creciendo, hasta conformar comunidades.
Pero la mayoría de ellos trabaja hoy a jornal en las haciendas o permanecen en la mendicidad en el casco urbano de Florencia.

En la zona urbana de Florencia, según relata el investigador Guillermo Vasco Uribe, en el barrio de Las Malvinas, además de la comunidad de los Aizama, viven la viuda y los hijos de Misael Tanúgama, asesinado en 1994 luego de haber sido acusado de ser el causante de la enfermedad.

“En la actualidad, su viuda vive con una nieta de 6 años, quien la acompaña todos los días en sus recorridos por la ciudad en la búsqueda de limosnas para poder alimentarse. Los hijos salieron de la ciudad a jornalear lejos y ya no la ayudan”.
Existen informaciones acerca de otros indígenas Embera Chamí que viven ambulantes en distintas ciudades, como es el caso de Ricardo Dovígama. Según José Ogarí, en el municipio de Puerto Rico viven varias familias en el casco urbano.
Además de estas comunidades, se tienen noticias de que algunos miembros de la familia Cortina, procedentes de la vereda Cueva Loca, en La Victoria (Valle), viven en el Caquetá.

El desplazamiento forzado de los Embera

En la década de 1980, el conflicto armado ingresó a territorios Embera con la llegada del M-19, el Eln y las Farc a zonas de la cordillera Occidental. Hacia el año 2000, el arribo de grupos paramilitares a zonas indígenas de los departamentos de Chocó y Risaralda produjo las primeras migraciones masivas de población Embera Katío y Embera Chamí a ciudades como Bogotá, Medellín y Pereira.

En la siguiente década, los enfrentamientos entre guerrillas, grupos de autodefensa y Fuerza Pública instauraron en la zona un régimen de guerra que se tradujo en la expulsión forzada de cientos de familias Embera de los municipios de Bojayá, Carmen de Atrato, Riosucio, Lloró, Alto y Bajo Baudó (Chocó) y Puerto Rico, Mistrató y Quinchía (Risaralda).

Mientras los hombres ordenan la tierra, las mujeres preparan la comida del día.

Comments are closed.