El grupo guerrillero de las Farc anunció ayer su intención de terminar de una vez por todas con el flagelo del secuestro como método de guerra en el conflicto armado que sostiene con la fuerza pública y el Estado colombiano. Además anunció que liberará a los militares que aún tiene en su poder. Una excelente noticia no sólo para los familiares de los diez policías y soldados que podrán tener nuevamente a sus seres queridos en casa, sino para los más de 40 millones de colombianos que están cansados de esa guerra insensata que vive el país desde hace más de 40 años. Pero aparte de toda la alegría, la tranquilidad y la felicidad que debe sentir cada uno de los colombianos en todos los rincones de los 32 departamentos, cabe preguntarse qué habrá detrás de este anuncio, pues ya en el pasado las Farc han demostrado que no dan puntada sin dedal. El presidente colombiano Juan Manuel Santos expresó en su cuenta de Twitter que celebraba el comunicado, pero que esperaba no se presentara todo un circo mediático frente a este proceso de liberaciones. El Jefe de Estado inició este año con una consigna muy clara de no hablar del tema de paz, pues cree que se está utilizando de una forma inapropiada, como lo señaló en el mes pasado aquí en Florencia durante su visita para inaugurar el aeropuerto Gustavo Artunduaga.
Un hecho que parece menor durante este comunicado de las Farc, pero que realmente debería ser mejor analizado es que la mediadora el proceso que solicita el grupo guerrillero no fue en esta ocasión la ex senadora Piedad Córdoba, hasta qué punto pensaron los miembros del secretariado de las Farc que la ex parlamentaria afectaría el proceso y prefirieron pedir que la intermediación esté a cargo de Marleny Orjuela de Asfamipaz; lo que si mantuvieron los subversivos fue la petición para que Brasil sea el país garante de las operaciones de liberación y como siempre la Cruz Roja a través del CICR abogará por la transparencia de un proceso que todos los colombianos esperamos se realice con prontitud y marqué el final de una época negra de Colombia donde hombre y mujeres se perdían en la selva hasta por 10 años a causa de un flagelo tan repudiable como el SECUESTRO.