Las miradas de todos los medios de comunicación del país y del mundo se han posado sobre las verdes tierras caqueteñas, infortunadamente la noticia que origina tanto despliegue informativo no es un hecho positivo o digno de enseñar a toda la comunidad nacional y del exterior. El secuestro del periodista francés ubicó al Caquetá en la retina de la sociedad, pero desafortunadamente esto se logró a través de una noticia muy lúgubre que deja entrever la realidad de algunas regiones de Colombia donde priman aún las fuerzas de la oscura y criminal mano de las guerrillas como las Farc. Desde luego como sociedad se debe aborrecer y rechazar cualquier acción en contra de la población civil y en el caso de los periodistas se debe exigir sin vacilaciones el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de prensa.
Lo preocupante de todo el asunto es que probablemente en unos cuantos días la noticia habrá pasado y quedará simplemente en la memoria de un recuerdo olvidado, los grandes medios de comunicación se irán de esta región; el reportero europeo será liberado, no sin antes realizarse otro gran show mediático, y todo volverá a la normalidad. Caquetá continuará siendo un punto equidistante en el mapa colombiano en el que su relevancia, infortunadamente, aumenta solo con noticias terribles de asesinatos, catástrofes, secuestros y guerras. El reclamo de estas acciones es un grito al vacío, ya que el cubrimiento de los hechos más desgarradores para una sociedad es el que llena las páginas y horas de los medios en cualquier país o región del planeta.
Tal vez demandar una prensa más amiga de los hechos positivos; y lejana de las tragedias sea un hecho utópico, ya que muchas personas involucradas en los conflictos, o afectadas por catástrofes no tienen otra opción de ser escuchadas en los momentos críticos, sino a través de los ‘mass media’.
Un viva para la libertad de prensa, pero que sea una libertad no solo para escabullirse entre los grandes conflictos y tragedias para contar las historias de quienes no tienen voz, sino que sea una libertad también para acompañar a las comunidades en sus grandes logros y propósitos. Finalmente, un llamado para los diferentes actores de los conflictos de no utilizar los medios de comunicación a su conveniencia y a los comunicadores a no dejarse utilizar.