Farc tienen 19 frentes que están dedicados a la coca

Las 19 estructuras del grupo guerrillero dedicadas al narcotráfico, coinciden con la ubicación de sus zonas de retaguardia.

Tras 48 años de su fundación, las Farc parecen lejanas de sus objetivos revolucionarios para ser protagonistas de primera línea en el “negocio” del narcotráfico. Si en un comienzo se les señalaba de cobrar un “peaje” por cada kilo de coca que salía de sus territorios, hoy pretenden controlar toda la cadena productiva a través de 19 frentes que pertenecen a cinco grandes bloques. La afirmación es una de las conclusiones que sobre el actual poder de las Farc manejan organismos de seguridad y organizaciones no gubernamentales que estudian el conflicto.

El general Luis Alberto Pérez, comandante de la Policía Antinarcóticos, sostiene que las Farc participan “desde la siembra de la hoja de coca y marihuana, la producción en cristalizaderos y laboratorios, el tráfico y la distribución, así como en alianzas con las bandas criminales y los carteles mexicanos”. Los agentes de inteligencia de la Policía sostienen que el grupo armado se puede asimilar a un cartel narcotraficante. Precisan que no es una coincidencia que hoy 19 frentes se ubiquen en zonas de cultivos ilícitos, centros de producción, zonas fronterizas y costeras, usadas para el tráfico hacia Centroamérica o el Caribe, donde la droga es enviada vía aérea y marítima a E.U. y Europa.

Esas estructuras se han convertido en las más fuertes y el soporte financiero de los cinco bloques más grandes de las Farc: Comando Conjunto de Occidente, Sur, Oriental, Iván Ríos y Magdalena Medio. Varias se asientan en las áreas de retaguardia estratégica, donde se concentran la mayoría de las filas insurgentes y los principales jefes.

Frentes narcotraficantes

Entre los frentes que controlan el tráfico de narcóticos, según el Ejército y la Policía, están el 57 (Urabá antioqueño y chocoano), 18 y 36 (en el Nudo de Paramillo y Bajo Cauca antioqueño), 33 (Catatumbo), 30 (Chocó) 6 y 30 (Norte del Cauca y Nariño), 48 (Putumayo) y los frentes 1, 16, 10 y 44 en Caquetá y la región de los llanos Orientales . “La coincidencia de las áreas de retaguardia y las zonas de cultivos ilícitos y de producción reflejan la necesidad de mantenerlas como sostén financiero”, indica un informe de inteligencia militar.

Esos grupos son responsables de los millonarios recursos que ingresan cada año a las arcas de la guerrilla y que permiten el costoso sostenimiento de 8 mil combatientes (alimentación, uniformes, compra de armas, munición, explosivos). Informes del Departamento de Estado de Estados Unidos y agencias antinarcóticos como la DEA calculan que las Farc obtienen entre 500 y 800 millones de dólares anuales por narcotráfico y que esta actividad representa entre el 50 y el 70 por ciento de sus ingresos, a los que se suman miles de millones de pesos por la extorsión y la denominada minería ilegal.

Como prueba reciente, el general Pérez recordó que el periodista francés Roméo Langlois fue secuestrado el pasado 28 abril por el frente 15 de las Farc en zona rural de la Unión Peneya. “Fue plagiado cuando atacaron a las tropas en un operativo antinarcóticos y destrucción de un laboratorio, que custodiaba ese frente que promueve la siembra de y producción de coca”.

Del marxismo a la coca

Analistas del conflicto coinciden en que las guerrillas “traicionaron principios revolucionarios” que juraban defender para sucumbir a la ambición de una caja registradora con recursos casi ilimitados. “Aunque antes se beneficiaron del gramaje a cultivadores de coca y narcotraficantes, desde 1994 las Farc se metieron a fondo con el narcotráfico por iniciativa del ‘Mono Jojoy’, quien decía que necesitaban mucha plata para dar el salto de la guerra de guerrillas y tomarse el poder”, asegura León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris. Agrega que “desde el año 2000 el narcotráfico se convirtió en la fuente del 70 por ciento de los ingresos. Un fenómeno nuevo es que disminuyó ese porcentaje porque el auge de la minería se convirtió en una renta por extorsión igual de lucrativa y sin tanto riesgo”.

Otros factores que consolidaron el negocio ilegal en las filas subversivas fue la disminución del secuestro y la extorsión, debido a mejores condiciones de seguridad del país y acciones de la Fuerza Pública. A juicio del historiador militar César Castaño, quien ha estudiado la evolución de las Farc, “una organización ilegal del tamaño de esa guerrilla requiere ingresos exorbitantes que solo el narcotráfico puede brindarle para el desarrollo de las formas de lucha: militar, política, jurídica y de masas”.

¿Dueños del negocio?

El general Hernán Giraldo, comandante de la VII División del Ejército, sostiene que el lucro derivado del conocido impuesto del “gramaje” es un negocio del pasado. “Ahora la guerrilla se convirtió en un gran cartel del narcotráfico que quiere controlar toda la cadena productiva y prueba de eso es que se han descubierto cientos de laboratorios y cristalizaderos donde la guerrilla produce la base de coca y la propia cocaína para venderle a los narcotraficantes”, dice el oficial. Giraldo advierte que esta nueva situación también revela que muchos jefes guerrilleros se han convertido en “capos” dedicados a llenar las arcas de la guerrilla y sus propios bolsillos.

Como prueba, el comandante militar expone el caso del frente 57, al mando de Gilberto Torres Muñetón, alias “el Becerro”, quien “no solo controla la producción en la región del Urabá antioqueño y chocoano, sino que trafica la coca por el Darién hacia Panamá”.

Otro caso similar es el de alias “Manteco”, jefe del frente 58 en el sur de Córdoba, a quien le han descubierto fincas, ganado y negocios de abarrotes en ese departamento. “Muchos jefes de estos frentes y bloques se han enriquecido y acumulan tierras, fincas, ganado y negocios”, según el general Giraldo.

Cuando alias “Pájaro”, segundo cabecilla del frente 36, (estructura que se lucra de la siembra y tráfico de coca en el Bajo Cauca antioqueño) se desmovilizó en febrero de 2011, reconoció en que cada semana recogían “entre 30 y 50 kilos de base de coca y entre 100 o 130 millones de pesos semanales por gramaje. Súmele lo de las retroexcavadoras (extorsión a minería) que son 50 millones”.

Otra realidad que el general Luis Alberto Pérez, comandante de la Policía Antinarcóticos expone para demostrar los nexos de la guerrilla con el narcotráfico “son las alianzas de las Farc con carteles de la droga de Centroamérica, en especial los mexicanos”. En 2006, el departamento de Justicia de Estados acusó del delito de narcotráfico a 50 miembros de las Farc, incluido el Secretariado y solicitó en extradición a varios jefes.

Los golpes a los considerados “narcos” de las Farc, Tomás Medina Caracas, Jefe del frente 16 de las Farc; Alias “el Negro Acacio”, jefe del frente 16 en Vichada. Considerado el primer jefe narcotraficante de Farc por sus nexos con narcotraficantes de Brasil. Abatido en 2007. Jorge Neftalí  Umenz, jefe del frente 30, conocido como “Mincho”, fue señalado como responsable del narcotráfico desde la región pacífica y enlace con los carteles mexicanos, Murió abatico en 2011. Gentil Gómez Marín, jefe del frente 48, en 2010 fue abatido quien era encargado del tráfico de drogas en el bloque Sur hacia Ecuador, con nexos con carteles peruanos y ecuatorianos.

Análisis de César Castaño, historiador militar

Al inicio, las Farc tomaron una posición contraria al narcotráfico, públicamente negaban su participación, pero atraídos por los cuantiosos recursos que dejaba el negocio fueron haciendo parte del mismo. Otra preocupación, era la posibilidad de perder las “masas” que habitaban las regiones donde hacían presencia, colonos que tenían a estos cultivos. Decidieron entonces buscar la forma de beneficiarse del negocio. Inicialmente impartieron la orden de cobrar un impuesto al que llamaron “gramaje” al campesino y a los intermediarios.

En la séptima Conferencia de las Farc, desarrollada en 1982, en el Guayabero, se concluyó que: “El trabajo de masas con los cultivadores de coca debe enfilarse a ganarlos para la revolución y para ello debe mantenerse un equilibrio entre la producción de coca y el cultivo de la economía familiar, de tal manera que no degenere en la constitución de bandas contrarrevolucionarias”. Curiosamente el ingreso de la organización al negocio de la coca, se dio en momentos en que trazaban el Plan Estratégico para la Toma del poder, allí plantearon una nueva táctica de guerra irregular que buscaba consolidar un “ejército” revolucionario, un proyecto que exigía grandes recursos, pero la fórmula salvadora ya estaba planteada.

Del impuesto de gramaje a inicios de los 80, las Farc han hecho transición a la creación de un gran aparato criminal que controla toda la cadena del narcotráfico. Una actividad que los ha puesto en contacto con grandes mafias como el cartel de Sinaloa. Si bien a ese rentable negocio deben buena parte de su crecimiento militar, también ha traído fenómenos de desorganización en la misma. Queda en el aire una gran incertidumbre en estos tiempos de acercamientos y posibles escenarios de negociación. El tema es si las Farc están inmersas en esta actividad criminal. ¿Podrá el Gobierno encontrar un modelo de resolución de conflictos apropiado a un cartel del narcotráfico? Un gran reto espera al presidente Santos, pues al momento de negociar, no sabremos con cuántas o cuáles de las Farc lo hará.

Del impuesto de gramaje a inicios de los 80, las Farc han hecho transición a la creación de un gran aparato criminal que controla toda la cadena del narcotráfico.

Las Farc manejan la cadena del narcotráfico desde el inició en la siembra y recolección de los cultivos.

Las Farc participan desde la siembra de la hoja de coca, la producción en cristalizaderos y laboratorios, el tráfico y la distribución, así como en alianzas con las bandas criminales.

Muchos colombianos que no tiene otra forma de lograr su sustento económico se aventuran a transportar la cocaína que produce las Farcy terminan purgando largas penas en prisión.

El narcotráfico permite el costoso sostenimiento de 8 mil combatientes (alimentación, uniformes, compra de armas, munición, explosivos).

Los frentes 1, 16, 10 y 44 en Caquetá son los encargados de controlar el narcotráfico.

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